sábado, 28 de abril de 2018

Pasado, Presente, Futuro


Esa mañana, el sol brillaba más que nunca. No importaba lluvia o nieve, para mí ese día siempre fue el más brillante del año. Era un día ajetreado, un día de no parar, sí: pero siempre fue el día más familiar de toda la Semana Santa. Túnicas y hachones llenaban el salón, galas de luto las habitaciones. Antes de que nadie se hubiera dado cuenta, mi abuela había sacado todos los enseres necesarios para esa noche: noche de Viernes Santo. Además, nosotras (mi hermana y yo) nos despertábamos solamente pensando en ver esas infinitas procesiones, con tantas imágenes, cada año contando cuántas eran, por la mañana y por la tarde, y deseando que justo delante de nosotras sonara un Mater Mea o un Thalberg. Viernes Santo siempre fue día de comida familiar, de juntarnos todos y hablar, pues desde Navidades algunos no nos veíamos. Pero sobretodo, Viernes Santo siempre fue día de la reina de la casa, mi abuela. Siempre fue día de visitar a Nuestra Madre antes de acompañarla por la noche. Y la noche anterior, antes de dormir, rezarle y pedirle al tiempo que nos dejara pasear por las calles de Zamora a su lado, en su noche. El momento justo después de cenar siempre fue un caos: “Esta no es mi túnica (ellos)”, “Este no es mi abrigo (nosotras)”, “¿Dónde están mis guantes?”, “¿Has visto mi vela?”. Y la siempre sonada frase “Te lo tenías que haber probado antes, este año has crecido mucho, a ver si no te va a valer”. Pero así son los recuerdos; dispersos, impredecibles. Así se recuerdan los momentos más importantes de una vida. Y al final, todos juntos, con la reina en medio, foto para, un año más, enmarcar la felicidad antes de acompañar a nuestra Madre, Nuestra Madre.

***


Ya van siendo unos años que la reina de la casa no sale, pero que nos espera a sus nietas, herederas de su tradición, en la fila esperando a que la saludemos. Y este año tampoco pudo Nuestra Madre lucirse por las calles de su preciosa Zamora. Pero te prometo, abuela, que dentro de la iglesia en todo momento recé por ti, y lloré por que no pudieras sentirte orgullosa de tus nietas saliendo en procesión cuando te saludáramos, y otras diez veces más viéndolo en la televisión. Por ti. 


Texto y foto: Gema Llamero

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